El post de hoy sin duda es muy especial, nos habíais pedido en varias ocasiones que contáramos cómo empezó todo. Estamos tremendamente nerviosas, emocionadas y contentas por compartir esta historia con todas vosotras, así que… ¡allá vamos! 

María y yo trabajábamos en la misma empresa y nos conocíamos de vista, nos llevábamos bien y nos caíamos bien, una relación cordial de compañeras de trabajo, entonces ¿qué pasó? os preguntaréis, todo a su tiempo chicas. 

Las dos somos diseñadoras de interiores por lo que el diseño y la creatividad la llevamos en nuestro ADN (si conocierais a nuestras familias entenderíais por qué decimos que lo llevamos en el ADN) A mí siempre me ha picado el gusanillo de aprender, por eso cuando vi que una prestigiosa escuela de Wedding planners y protocolo ofrecía un curso On line, no dudé, me inscribí en el momento. Mientras tanto y sin saber una de la otra, María se estaba formando con Bodas de Cuento porque a ella también le picaba el gusanillo de las bodas. 

En aquella época yo no estaba cómoda del todo en mi trabajo así que decidí probar suerte e hice unas tarjetas de visita (que a día de hoy pienso que eran feas como demonios) y empecé a pensar en gente que se podría casar a mi alrededor para poder empezar a darme a conocer. Entre las candidatas que había en mi lista, se incluía María, pero nunca en la vida me podía llegar a imaginar lo que iba a pasar. Ni corta ni perezosa me presenté delante de ella y le di mi tarjeta, diciéndole un “por si un día decides casarte” Os prometo que su cara era inexplicable, era asombro, sorpresa, estupefacción, extrañeza y casi diría que había hasta un poquito de espanto. “A ver Laura, ¿cómo me iba a imaginar que eras Wedding planner? No es algo tan común como electricista, es una profesión muy especial y diferente” me dice al recordar la historia entre risas. “Tenía un montón de muros y de un plumazo te los llevaste todos por delante”. Eso me dice y a mí, a mí se me llenan los ojos de lágrimas de felicidad, porque nos salvamos, fuimos el salvavidas de la otra, en ese momento nos agarramos la una a la otra y no nos volvimos a soltar. Porque os juro, que sin la otra, este proyecto no tiene sentido. María también estaba pasando por una época un poco complicada emocional y laboralmente hablando y fue en ese preciso momento en el que nuestros caminos se juntaron. Un día antes o un día después todo esto que os contamos, a lo mejor no hubiera pasado. No hubiera tenido sentido. Por eso, se lo debemos todo a aquel día y en concreto a aquel MOMENTO de conexión, magia o destino. 

No sabemos cómo ni porqué pero sentíamos que aquel era un tren que teníamos que coger y decidimos juntas que en ese mismo instante íbamos a investigar y aprender más sobre este bonito mundo. Intercambiábamos libros, perfiles de instagram que teníamos que seguir (todavía desde nuestros perfiles personales) y poco a poco el lazo rojo invisible que nos une nos fue juntando sin que nos diéramos cuenta. 

Habíamos nacido en ciudades diferentes, y allí estábamos, la una frente a la otra esperado darnos respuestas entre nosotras. Nos mirábamos con la esperanza de que la otra supiera por donde tirar o qué hacer, y entre las dos hacíamos lo que podíamos después de pasar el día entero en nuestros anteriores trabajos, trabajos que ya no nos hacían felices. Las respuestas que buscábamos llegaron, vaya que si llegaron. Poco a poco descubrimos que somos la mitad perfecta para la otra, nos complementamos, nos compenetramos, muchas veces pensamos lo mismo y hasta a veces respondemos con las mismas palabras a una misma  pregunta. Estábamos dispuestas a luchar por nuestro sueño común, queríamos hacer felices a miles de parejas, queríamos hacer que su boda fuera increíble e irrepetible y queríamos hacerlo juntas. 

Por eso nos gusta decir que fue cosa de magia, cosa del destino o cosa del hilo rojo pero la conexión que sentimos aquella tarde, creednos cuando decimos que no había palabras para explicarla. Simplemente la vida nos encontró.